Un autónomo más, un parado menos

Me acabo de dar de alta como autónomo. Tengo sentimientos encontrados.

Me siento libre porque trabajo cuando y donde quiero: sea lunes, jueves o domingo. Esté lloviendo, o haya 40 grados. No tengo que dar explicaciones a nadie.

Y también siento algo de vértigo porque el camino que tome mi negocio depende única y exclusivamente de mí, y de mi capacidad para solucionar (y monetizar) los problemas de mis clientes.

No hay un jefe al que criticar, no hay un compañero con el que discutir, ni siquiera un becario al que explotar. Qué poco castizo es esto de emprender.

Trabajo desde casa. Desde mi habitación. Y esto no es lo más recomendable. Sería mejor tener un despacho, aunque sea dentro de casa, para separar la actividad profesional de la personal.

Pero lo prefiero a tener que ir todos los días a una oficina a hacer lo que me digan. Sin ninguna duda.

A pesar de la incertidumbre y de que las circunstancias no son las más favorables, estoy orgulloso de haber dado el paso. Podía haberme quedado sentado en el sofá esperando a que me llamen para ofrecerme un buen trabajo.

Me he dado cuenta de que nadie lo hará.

En el mejor de los casos, me ofrecerán entrar en el proceso de selección (junto con otros 20 o 30 candidatos) para un trabajo precario, desempeñando una actividad que no me gusta o que dejará de gustarme si la tengo que realizar en esas condiciones.

La situación laboral

Contratar es caro. Muy caro. Además del sueldo, tienes que pagar los impuestos y la seguridad social del trabajador.

  • Si se pone enfermo (o finge estarlo), le pagas igual.
  • Si se pasa el rato mirando el Facebook, también le tienes que pagar.
  • Y si, por el motivo que sea, le despides, finiquito al canto.

Eh aquí una muestra más de lo absurdo del trabajo por horas y no por objetivos.

Las empresas se están empezando a dar cuenta de esto y están buscando a profesionales externos que hagan trabajos concretos, los llamados ‘freelance’.

Las dificultades económicas y el cambio del paradigma laboral, están llevando a atomizar el mercado.

Cada vez hay más ‘freelance’, más gente que trabaja por su cuenta. Su figura jurídica es la de autónomo.

Esto permite mayor desahogo a las empresas y mayor libertad a los trabajadores. Nadie les puede despedir y su éxito está mucho más vinculado a su trabajo, que si formaran parte de la plantilla de una multinacional.

Internet ha cambiado las cosas. Para bien y para mal. Tirando de tópico, es «un renovarse o morir». Ya no necesitas estar en la oficina para escribir una nota de prensa, ni para llevar la contabilidad, ni siquiera para tener una reunión.

Siento decirte que nada volverá a ser como antes. Sí, habrá más empleo, pero no porque esto sea un bache temporal y después todo vuelva a la «normalidad». No.

Habrá más empleo porque la gente se dará cuenta de que nadie tiene por qué darle un trabajo y que muy pocas empresas están dispuestas a contratar a alguien.

Y me dirás, «¡yo tengo derecho a trabajar!»

Por supuesto. ¿Y quién te lo impide?

Tú mismo.

El papel de la educación

Nos han educado desde pequeños para trabajar para otros. Seguro que te suena alguna de estas frases:

  • «Si eres el mejor en lo tuyo, encontrarás trabajo».
  • «Esto es así porque lo digo yo».
  • ¿Trabajar por tu cuenta? ¿Estás loco?

Si sigues lo establecido y no cuestionas los planteamientos existentes, todos te valoran como uno de los suyos: «con esa actitud, llegarás lejos».

¿Está bien hacer lo que nos manden sin poder siquiera dar nuestra opinión?

El papel de la educación
Depende, pero en la mayoría de los casos, no. No somos robots, somos personas y tenemos entendimiento y sentimientos. Nos programan para hacer lo que nos dicen, para obedecer.

Y lo peor es que nuestra autoestima depende, en gran medida, de si a nuestro ‘superior’ le parece bien lo que hacemos.

La creatividad y la iniciativa no están bien vistas en la mayoría de empresas, sólo se tiene un buen concepto de ellas en el mundo del espectáculo y las artes. El problema se acentúa conforme aumenta el tamaño de la empresa.

Si te sales de la norma, eres un bicho raro.

Cuando intentas abrirte un hueco en el mundo laboral, te das cuenta de que lo que realmente necesitas es lo contrario de lo que te han enseñado. Necesitas confianza en ti mismo, en tus posibilidades, ser capaz de tomar decisiones sin las necesidad de que nadie las apruebe.

Pensamos, «a ver qué pongo en el currículum para que me cojan en un trabajo sencillo, tranquilo y bien pagado».

Esto se podría traducir por quiero trabajar lo mínimo, sin ningún tipo de exigencia y que me paguen como si aportara algo de valor a la sociedad.

No nos damos cuenta de que eso es lo que los demás quieren que hagamos. Seguir el patrón establecido. Especialmente, los que ostentan el poder, ya sea social, político o económico.

¿Y tú, qué quieres hacer? ¿Realmente te lo has planteado? No me refiero a estudiar derecho, medicina o arquitectura. No.

Me refiero a qué quieres hacer con tu vida.

El culto a las oposiciones

Ahora está de moda esto de las oposiciones. En realidad, siempre lo ha estado. Son muy tentadoras, al menos para algunos. Te esfuerzas una vez y tienes trabajo para toda la vida.

Vemos el panorama laboral y nos invade el miedo. ¿Cuál es el único trabajo fijo? Funcionario.

Vale. De acuerdo, es un trabajo ‘fijo’, si es que ese concepto sigue teniendo sentido. Pero, ¿de verdad quieres pasar el resto de tu vida metido en una oficina/clase haciendo siempre lo mismo?

  • ¿No te gustaría descubrir tu pasión y dedicarte a lo que realmente te gusta?
  • ¿Crees que el trabajo es un mal trago que hay pasar para poder vivir?
  • ¿Estás dispuesto a esperar a tu jubilación para poder disfrutar de tu vida?

La realidad es que la mayoría de los opositores lo único que quieren es un sueldo fijo y ni siquiera se han planteado si les gustaría pasar el resto de su vida desempeñando el oficio para el que se están preparando.

Simplemente les han dicho que tener un trabajo fijo es lo mejor que pueden hacer y tratan de conseguirlo.

Tenemos miedo al cambio.

Hasta cierto punto, es comprensible. El ser humano es un animal de costumbres.

Por otro lado, es absurdo, ya que todo cambia.

Las ciudades, los comercios, el aspecto de las personas, su comportamiento, las relaciones entre ellas.

Deberíamos tener menos miedo al cambio y más a nuestra zona de confort.

Soy adicto a los retos

Basta que alguien me diga que no puedo hacer algo (medianamente razonable) para que me entren ganas de hacerlo. Más allá de esta soberbia innata, se esconde un deseo de superación personal, de ambición, de crecimiento.

El panorama laboral es desolador. He pasado por multitud de procesos de selección. Podría enumerarlos, pero he perdido la cuenta. Calculo que rondarán la decena. Tampoco me preocupa en exceso.

Lo que sí me preocupa es que todos ellos se basan mucho más en percepciones que en hechos. Si eres majo y caes bien tienes muchas papeletas para ser elegido.

El problema es que hay tantos «apostantes», que es casi más fácil ganar el Premio Gordo.

Y todo esto para contratos mal pagados que casi nunca sobrepasan el año de duración.

¿Quieres pasar el resto de tu vida de flor en flor, de empleo en empleo?

Yo no. Por eso he decido emprender.

Quiero ser el capitán de mi barco.

Ya lo decía Confucio, «escoge un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida».

Ese es mi objetivo.

Me apasiona el diseño web y la escritura y voy a hacer todo lo posible para vivir de ello.

¿Cuál es tu pasión?

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Pablo Moreno Acevedo

Soy consultor SEO. Aumento la autoridad, la visibilidad y los clientes de tu negocio a través del SEO Técnico, la estrategia de contenidos y SEO On Page.
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4 comentarios en «Un autónomo más, un parado menos»

  1. Buenísimo artículo! Cuántas verdades juntas. Me quedo con la frase de: nos programan para obedecer. Me parece tan increíble que a día de hoy muchísimos jóvenes, menores de 30, sigan soñando con hacer oposiciones y conseguir un trabajo fijo… Sí, los llamados millenials, al menos en España, sueñan con tener lo mismo que sus abuelos o padres! Yo ya entendí que la única forma de encontrar un trabajo que te guste es crearlo. Lo vas a pasar mal, sí. Pero de ti dependerá tu futuro, no del gobierno, la crisis o las empresas. En fin… mi enhorabuena por decir de forma tan clara algunas cosas que son consideradas por la sociedad actual casi un tabú.

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    • Hola, María.

      ¡Qué alegría verte por aquí!

      La obsesión por las oposiciones, además de increíble, me parece triste. En principio, puede parecer una buena opción. Por ejemplo, si eres maestro y quieres dedicarte a ello, es comprensible que quieras tener un puesto fijo. Sin embargo, en la situación actual, en la que se presentan 50, 60 o 70 personas por cada plaza a cubrir no creo que tenga sentido dedicarle un año, dos o cinco a tratar de lograr el añorado puesto.

      En ese tiempo que los opositores dedican a prepararse para un examen que difícilmente les acercará a su objetivo, podrían formarse en todo el tema del blogging y el marketing digital. Esto les permitiría crearse una plataforma en internet y poder montar su propio centro de formación online. Y estoy seguro de que disfrutarían enormemente haciéndolo.

      Muchas gracias por tu comentario.

      Un abrazo.

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  2. ¡Más razón que un santo!
    Recuerdo ver en un vídeo de un VBlogger muy conspiranoico… (JL) al cuál le parecia mal que desde pequeños, en algunos colegios, intentaran inculcar desde este mismo año como materia, el EMPRENDIMIENTO.

    Por lo visto, es un firme seguidor de la máquina crea-funcionarios o de trabajar para otros. Pero claro, esto es la pescadilla que se muerde la cola: si no hay emprendimiento ¿quién genera puestos de trabajo?
    Dudo que las grandes multinacionales…

    En mi opinión, la libertad y flexibilidad, el poder conciliar y tantas y tantas cosas, tras haber sido funcionario y trabajador por cuenta ajena, NO lo cambio: emprendo, emprenderé y moriré emprendiendo.

    Un fuerte abrazo!!

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    • Hola, Miguel. Gracias por tu valoración.

      Pues la verdad que es el emprendimiento es precisamente lo que necesita esta sociedad. Es hora de dar un paso adelante, de tomar las riendas de nuestra vida y luchar por nuestros sueños. Hagas lo que hagas siempre habrá gente que no estará de acuerdo, incluso que tratará de impedirte seguir tu camino. Nos creemos con derecho de decirle a los demás lo que tienens que hacer. Y eso no está bien.

      Se puede dar una opinión o consejo (especialmente si es alguien cercano o te lo piden), pero no debemos tratar de imponer nada a nadie. A ese VBlogger seguro que le encanta lo que hace y no creo que le guste que le digan que no lo haga, aunque sus vídeos de no sean del agrado de mucha gente. Él pide respeto y luego no lo tiene respecto hacia los demás. No entiendo su actitud.

      Estoy contigo. La libertad y la flexibilidad vienen dadas por el emprendimiento y se multiplican si es online. Yo he sido becario en varios sitios y, aunque me han tratado bien, en muchas ocasiones no han valorado mi esfuerzo y me han hecho tragarme los marrones que otros no han querido afrontar.

      ¡Un abrazo!

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